Alejandro se acercó a ella, su rostro impasible. "Sabes exactamente por qué estoy aquí, Lucía", dijo, su voz baja y amenazante.

"Lo siento, Alejandro", dijo Lucía finalmente, su voz temblando. "No sabía qué hacer".

Alejandro la miró fijamente, su rostro sin expresión. "La venganza es dulce, Lucía. Y yo soy el rey de la venganza".

La oscuridad del pasillo parecía cerrarse sobre él como una trampa. Alejandro se detuvo en seco, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Había estado esperándolo durante semanas, planeando cada movimiento con cuidado, y finalmente había llegado el momento.

"¿Alejandro? ¿Qué pasa?" preguntó, su voz suave y melodiosa.

La puerta del apartamento de Lucía se abrió con un clic suave. Alejandro sonrió para sí mismo, recordando la cantidad de veces que había estado en ese mismo lugar, sonriendo, riendo, amando. Pero todo había cambiado. La traición de Lucía había sido como un golpe bajo, dejándolo sin aliento y con el corazón roto.

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